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Tercer día de fiesta en el Santuario de La Candelaria

Celebraciones se realizan sin fieles y con las puertas del Santuario cerradas.

Como cada día, la novena y la misa fueron presididas por el obispo de la diócesis, Mons. Ricardo Morales. En su predicación, el obispo habló de las situaciones complejas que parecen no tener solución. “El fuerte viento y las olas, la barca que parece que se va a hundir, es similar a las situaciones angustiosas, desesperadas, -dijo don Ricardo-, y Jesús estaba durmiendo. Es lo que nosotros experimentamos, rezamos y Dios parece que duerme y no nos escucha. Frente a eso, le decimos: ¿no te importa lo que me pasa? ¿Te da lo mismo?” Agregó que “el Señor espera que lo interpelemos, porque la fe es confiar. Y Jesús nos pregunta: ¿cómo no tienen fe? La fe es fiarte del Señor, saber que si él está nada malo nos puede pasar”.

El obispo dijo que debíamos tener presente que “el Señor dijo que estaría con nosotros hasta el fin de los tiempos; que, si hay dos reunidos en su nombre, ahí estaría; que lo que pidiéramos con fe él lo concedería. El viento y el mar es reflejo de lo que no podemos controlar, pero no olvidemos que la fuerza para acallar esa tempestad es del Señor”.

Que las comunidades cristianas del siglo XXI puedan mejorar esta realidad
Criticó a quienes no dimensionan la gravedad de la pandemia. “Hemos sido testigos de las llamadas fiestas clandestinas, o encuentros donde no se han respetado las medidas sanitarias. Esto nos demuestra la indolencia de algunos frente a lo que vivimos como país y como humanidad”.

El obispo reconoció que la pandemia “nos ha hecho valorar bienes que nos parecían menos evidentes, como la familia, los seres queridos, un abrazo, un apretón de manos”. El obispo invitó a preguntarse: ¿cuáles era mis planes y prioridades al iniciar el año pasado, y cuales fueron al final? Sin duda fueron muy diferentes”.

“Esta pandemia pasará, pero lo que no pude pasar es la conciencia de que todos somos parte de una misma comunidad” y agregó: “Ojalá que tanto dolor no sea inútil, que descubramos una nueva forma de vida, para que la humanidad renazca con todos los rostros, todas las manos y todas las voces, más allá de las fronteras que hemos creado”. Propuso preguntarnos: “después de esta crisis ¿seguiremos con este sistema económico desigual y abusivo de las personas y del medio ambiente? Que las comunidades cristianas del siglo XXI puedan mejorar esta realidad, el cuidado de los unos y los otros y de la casa común van juntos”.

Fuente: Comunicaciones Copiapó

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